lunes, 15 de julio de 2019

La Policía Federal terminó extraviada y sin brújula

julio 12, 2019 | Por Martín Esparza
Los vicios de origen y excesos de sus altos mandos en la Policía Federal, terminaron por salir a flote al enviarse, contra su voluntad, a un buen número de sus elementos a engrosar las filas de la naciente Guardia Nacional. Molestos por lo que consideraron una regresión salarial y el desconocimiento de su antigüedad, terminaron denunciando la corrupción y abusos de sus jefes superiores. Algo nada nuevo si se considera la abundancia de datos que esta institución ha acumulado al paso de los años en este sentido.
Creada en el gobierno de Ernesto Zedillo en 1999, la entonces Policía Federal Preventiva (PFP), buscó ser un mecanismo de seguridad nacional que aplicara no únicamente la innovación tecnológica para el combate a la delincuencia, sino rigurosos exámenes de confianza y capacitación a sus elementos.
Pero conforme transcurrió el tiempo, sus altos mandos terminaron por hacer del cuerpo de élite contra el crimen organizado, un mecanismo de contención utilizado por los gobiernos tantos panistas como priístas, para acallar demandas de diversos grupos sociales.
Ejemplo de ello lo fue la inaceptable represión en contra 500 globalifóbicos en el Foro Económico Mundial, realizado en Cancún, en 2001, como también de los integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, que el 3 de mayo del 2006 pagaron con sangre, cárcel y vejaciones a sus mujeres, el haberse opuesto a la construcción de un nuevo aeropuerto en sus tierras de cultivo.
El entonces presidente Vicente Fox y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, enviaron a las fuerzas policiales, tanto locales como federales, a avasallar con la fuerza por delante a toda una población valiente a la que no le importó ni las lesiones ni las amenazas. Las imágenes donde aparecían grupos de policías federales golpeando brutalmente no sólo a hombres sino mujeres y niños, llenaron de indignación a todo el país.
Años más tarde, ya en el sexenio de Calderón, la PFP pasó a ser la Policía Federal con un personaje de cuestionables antecedentes al frente como lo fue Genaro García Luna. El mismo que años atrás, en diciembre del 2005 y siendo titular de la Agencia Federal de Investigación (AFI), montó con cámaras de televisión la supuesta detención de la ciudadana francesa, Florence Cassez. Esta violación al debido proceso obligó a los ministros de la Corte a emitir una sentencia a su favor para dejarla en libertad en el 2013.
Fue también García Luna quién ya siendo Secretario de Seguridad Pública Federal, envío miles de sus elementos a sacar por la fuerza de sus centros de trabajo, y a la sombra de la noche, a los trabajadores del SME. Hecho deleznable, justificado a través del ilegal Decreto de Extinción de Luz y Fuerza del Centro emitido por Felipe Calderón.
El 19 de junio del 2016, ya en el sexenio de Peña Nieto, la Policía Federal fue de nuevo comisionada a reprimir a los maestros de la CNTE, en el poblado de Nochixtlán, Oaxaca, dejando un saldo de seis muertos de la población civil y al menos 103 heridos.
Al paso del tiempo han sido miles de millones de pesos los invertidos en un cuerpo de seguridad que no ha combatido a los cárteles, pues por el contrario, y como lo denunció el capo, Jesús “El Rey” Zambada, García Luna recibió fuertes sumas de dinero del Cártel de Sinaloa para brindarle protección. Es hora de que a los responsables se les finquen responsabilidades y sean presentados a la justicia; a fin de cuentas, los elementos solo reciben órdenes y ahora han resultados los más afectados de los vicios y excesos acumulados al paso de tres sexenios.

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