martes, 15 de mayo de 2018

Jubiladas de Mexicana de Aviación no cobran pensiones desde 2010

César Arellano García
 
Periódico La Jornada
Martes 15 de mayo de 2018, p. 17
Desde agosto de 2010, sobrecargos jubilados de Mexicana de Aviación dejaron de cobrar pensiones vitalicias porque la aerolínea dejó de volar. A partir de entonces han vivido un verdadero viacrucis. Lidian con autoridades y mantienen su lucha para recuperar lo que por derecho y años de trabajo nos pertenece.
Ante la falta de pago, algunas perdieron su familia, otras se divorciaron, y la salud de la mayoría se ha quebrantado o murieron, unas por depresión y otras por enfermedades terminales. Tan sólo este año han fallecido cuatro trabajadores en retiro.
Silvia Oseguera Ruiz laboró en la aerolínea más de 24 años. Desde septiembre de 2017 enfrenta una batalla contra el cáncer de páncreas, gánglios y pulmones, pero ante la falta de dinero, porque desde hace ocho años no cobra pensión, su estatus económico es cada día más crítico para tratar sus padecimientos.
Para solventar el costo de más de 15 mil pesos de consultas, estudios clínicos, quimioterapias y medicamentos, comenta que familiares y amigos la han apoyado con lo que pueden, entre ellos sus compañeros que administran una cafetería desde 2015 en mostradores de la aerolínea, en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México.
A la fecha he recibido 12 quimioterapias en el Instituto Nacional de Cancerología para evitar que avance la enfermedad. A las autoridades no les importa nuestra situación. Da coraje porque la pensión es un recurso por el cual trabajamos muchos años y de un día para otro nos la robaron.
Por separado, Magdalena de Anda, jubilada con 23 años de antigüedad como sobrecargo, comenta que la falta de recursos le costó el divorcio y la separación de su hija. Lamentó que Gastón Azcárraga, ex propietario de Mexicana, y quien goza de libertad, haya defraudado en promedio a 8 mil 500 empleados y más de 700 jubilados.
Es lastimoso por las condiciones en que estamos, muchos tuvimos que vender pertenencias: autos, muebles, casas, departamentos. Desafortunadamente somos invisibilizados. Tenemos derecho a pensiones dignas porque son nuestras, nos las ganamos.
Valeria, hija de otra jubilada cambió de colegio y residencia a una casa donde su padres pudieran pagar la renta, porque además enfermó de cáncer, mismo que por fortuna logró vencer. Hubo ocasiones en que no teníamos ni para comer. Los ahorros de mis papás se esfumaron.

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La Conagua debe abrir registros sobre instalación de planta cervecera y acueducto en BC

 
PROCESO 
 
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con el fin de demostrar si la instalación de la planta cervecera estadunidense “Constellation Brands” toma en cuenta los posibles efectos en la explotación de los recursos hídricos de la zona, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) deberá buscar y dar a conocer cualquier expresión documental relacionada con dicha planta.
También deberá ofrecer el soporte documental sobre la construcción del Acueducto Ejido Villa Hermosa, en Mexicali, Baja California, instruyó el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).

Al presentar el asunto ante el pleno del instituto, el comisionado Joel Salas Suárez, señaló que, de acuerdo con el Reporte de Monitor de Sequía, de la propia Conagua, todos los municipios de Baja California presentan una clasificación de sequía, que va de normalmente seco a sequía extrema.
Sin embargo, abundó, la planta cervecera consumiría alrededor de 20 millones de metros cúbicos anuales, lo que equivale al consumo de agua de una ciudad de 750 mil habitantes.

Y aunado a ello, en 2017, el gobierno estatal dio a conocer la construcción de un acueducto de 47 kilómetros, para llevar agua del Río Colorado hasta el sur de Mexicali y abastecer la nueva planta.
En ese sentido el comisionado del INAI consideró que transparentar la información sobre este tema, ayudará a la Conagua y al resto de las autoridades involucradas, federales y estatales, a demostrar si estas obras toman en cuenta los posibles efectos en la explotación de los recursos hídricos de la zona y vigilar el uso de los recursos públicos.
“En otras palabras, les ayudará a demostrar si el planteamiento y construcción del proyecto, equilibra la derrama de beneficios sociales y económicos para la población, y el mantenimiento en beneficio del medio ambiente. Hacer pública esta información, permitirá a la Conagua refrendar su compromiso con la transparencia y comprobar que vela por una cobertura de servicios de agua potable, bajo un esquema sostenible para todos los mexicanos”, argumentó.
En su solicitud de información sobre el caso, un particular solicitó cualquier documento, incluidos permisos convenios, manifestaciones de impacto ambiental, autorizaciones o valoraciones de impacto ambiental y seguridad o fichas técnicas, sobre el proyecto de “Constellation Brands” en el Valle de Mexicali, Baja California, que den cuenta del proyecto y de la problemática para impulsar la inversión, del periodo de 2015 al 7 de febrero de 2018.
También solicitó documentos, del periodo de 2013 al 7 de febrero de 2018, de las autorizaciones federales para la realización de un acueducto de 47 km en el Valle Mexicali, presupuesto autorizado, proyecto de ejecución y recursos del estado y la Federación considerados para la ejecución de la obra; si la obra fue cancelada, entregar documento donde la valoración fue en sentido negativo.
En respuesta, la Conagua a través de la Dirección de Asuntos Jurídicos del Organismo de Cuenca Península de Baja California, indicó que “después de una exhaustiva y minuciosa búsqueda”, en todas sus unidades administrativas el resultado fue información “inexistente”.
Inconforme, el particular impugnó la inexistencia ante el INAI y en alegatos, la Conagua reiteró su respuesta original.
En el análisis del caso, la ponencia de Salas Suárez, señaló que las unidades administrativas que desahogaron la solicitud de acceso, sí cuentan con las atribuciones para conocer de lo requerido, toda vez que son las encargadas de otorgar permisos, autorizaciones y concesiones en materia de aguas nacionales, así como de la construcción de obras de infraestructura hidráulica relacionadas con el agua potable, y de regular y controlar las aguas superficiales, y determinar los volúmenes de asignación o concesión de las mismas para los diversos usos y su reúso.
Además, por normativa y considerando información pública localizada, la Conagua tuvo que haber otorgado a la empresa “Constellation Brands”, algún permiso, autorización o concesión para explotar aguas nacionales, debido a que, para su operación, va a requerir utilizar grandes cantidades de agua de la zona, en la cual existe un decreto de veda en el acuífero del Valle de Mexicali. Asimismo, el acueducto que se pretende construir también es una obra que tiene que autorizar el orgamismo.
El INAI refirió que, de la información pública localizada, se advierte que la empresa estadunidense no ha presentado documentos que, en cumplimiento de la normativa, debió entregar para la autorización del proyecto, y además señaló que no se cuentan con elementos para saber por qué la Conagua no cuenta con la documentación requerida, puesto que el Congreso de la Unión le ha exhortado para rendir informes y hacer del conocimiento público las acciones realizadas en torno al tema.
“Resulta necesario que el sujeto obligado precise las razones por las cuales no cuenta con la información, es decir, debe pronunciarse sobre los motivos o circunstancias por las cuales no obra documento alguno relacionado con los dos puntos requeridos en la solicitud”, subrayó el INAI.
Por lo anterior, el pleno revocó la respuesta de la Conagua y le instruyó a buscar y entregar al particular la información en la Dirección de Asuntos Jurídicos, la Dirección de Administración, la Coordinación de Atención a Emergencias, la Dirección de Infraestructura Hidroagrícola, la Dirección de Administración del Agua, la Dirección de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento, y la Dirección Técnica, todas adscritas al Organismo de Cuenca Península de Baja California, así como a la Subdirección General Técnica y la Subdirección General de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento, a nivel central.

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Hasta agosto y sin trabajar, diputadas suplentes panistas cobrarán $359 mil


Néstor Jiménez
Periódico La Jornada
Martes 15 de mayo de 2018, p. 14
Sin acudir a ninguna sesión de la Cámara de Diputados, Diana Patricia Alanís Barroso, Paola Caraza Ortega y Mónica Ruelas Sánchez, legisladoras suplentes del Partido Acción Nacional (PAN), rindieron protesta ayer como diputadas federales. Cada una cobrará, entre prestaciones y dietas, por lo menos 359 mil pesos por ocupar el cargo hasta el último día de agosto, a pesar de que ya no habrá más periodos de sesiones.
Alanís Barroso es suplente de Lorena del Carmen Alfaro García, representante de la circunscripción 2; Caraza Ortega, de Alejandra Gutiérrez Campos, del distrito 6, y Ruelas Sánchez, de Karina Padilla Ávila, del distrito 8, todas de Guanajuato.
Con esta protesta, las representantes del Partido Acción Nacional formarán parte de la LXIII Legislatura, la cual concluirá sus labores parlamentarias el próximo 31 de agosto, informó ese órgano legislativo.
De acuerdo con el Presupuesto de Egresos Federal, para el sueldo y prestaciones de los diputados están asignados un millón 436 mil 397 pesos al año, sin incluir el pago de impuestos. En promedio, se erogan por estos dos conceptos 119 mil 699 pesos mensuales por cada legislador.
Así, en total se destinarán más de 359 mil pesos para cubrir las dietas y prestaciones que recibirá cada panista mencionada hasta el último día de su nombramiento.
En la última sesión de la Cámara de Diputados también asumieron dos priístas y uno de AN, quienes también cobrarán sin participar en alguna otra sesión.
Se trata de Rosa Haydeé González González y José Filiberto Flores Elizondo del PRI, y Jacobo Soto Pizano del PAN. Para cubrir los sueldos y prestaciones de los tres durante cuatro meses (mayo-agosto) se destinarán 478 mil 799 pesos para cada uno.
A menos de que se convoque a un periodo extraordinario en el Congreso de la Unión, ninguno de los mencionados podrá aprobar una nueva ley o modificación de alguna norma en el lapso referido.

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Familias de militares, en crisis por “guerra” contra el narcotráfico



 

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Incertidumbre, miedo y hasta separación padecen las familias de militares, debido a la movilidad de los efectivos de Fuerzas Armadas que participan en misiones de combate al crimen organizado e inseguridad pública

Los constantes viajes de su esposo a zonas peligrosas de la sierra de Guerrero mantienen a Nora en una situación permanente de agobio. Ella es esposa de un capitán piloto aviador de la Fuerza Aérea, quien se encarga –junto a otros militares– de realizar sobrevuelos para detectar sembradíos de enervantes. Ambos tienen dos hijos, de 18 y 15 años de edad, pero es Nora quien se ha hecho cargo de ellos, pues el capitán casi siempre está en comisiones.
Como otras familias, la de Nora vive en la base aérea de Santa Lucía, en Zumpango, Estado de México. Y es que el centro de operaciones de diversos escuadrones de vuelo y unidades del Ejército, que alberga la comandancia de la Fuerza Aérea Mexicana, también cuenta con 1 mil 55 departamentos donde habita el personal militar y sus familias.
El lugar –ubicado en el kilómetro 47 de la carretera federal a Pachuca– también cuenta con un cine, deportivo, tienda, escuelas primaria y secundaria, un campo de entrenamiento, pista de aterrizaje, Museo de la Aviación y un Centro del Voluntariado.
Ahí es donde algunas mujeres se reúnen mientras sus parejas están en comisión, para tomar cursos de bordado, pintura, cerámica, fieltro, popotillo, así como a practicar actividades como yoga, karate, danza, defensa personal, música, inglés, valet, zumba, gimnasia reductiva.
Una de ellas es Janeth, quien cría a su bebé de 1 año y a su niña de 3 años de edad. Para ella la incertidumbre que vivió durante varios años en la base militar, por las ausencias de su esposo, ya terminó: la tragedia ahora es la soledad, pues cuenta a Contralínea que su pareja murió en agosto del año pasado, cuando la aeronave militar en la que viajaba se desplomó. Ahora Janeth está pensionada y se dedica al cuidado de los infantes.

Incertidumbre y temor

El despliegue militar para atender temas de seguridad pública y el llamado combate al narcotráfico genera conflictos en el seno de las familias, debido a la labor de soldados en misiones, maniobras, servicios o cambios de plaza. Ello genera desorientación, inadaptación, estrés, incertidumbre y miedo, que afectan el bienestar de los integrantes de la familia militar, asegura Valeria de Jesús Carro Abdala en su estudio Ellas  se  quedan,  ellos  se  van: un  acercamiento  a  las familias  de  militares  mexicanos  desde  las  experiencias de las mujeres.
Para la docente de la Facultad de  Ciencias para el Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, los sentimientos negativos entre las parejas de militares son tristeza, ansiedad, preocupación y estrés.
La carga emocional que experimentan de manera constante es más intensa cuando los esposos son desplegados a zonas peligrosas, desde que el crimen organizado, la violencia y la guerra contra el narcotráfico han afectado diversos estados del país. Ello, por los enfrentamientos, daños colaterales y muertes, señala la investigadora en su estudio.
Agrega que las familias de militares del Ejército Mexicano enfrentan desafíos que modifican de manera constante sus dinámicas familiares, pues la continua ausencia de los esposos provoca que las mujeres tengan que resolver lo relacionado con el cuidado y la educación de los hijos, así como la administración del hogar, lo cual incide en su bienestar.
En el análisis, publicado por Relacso (la Revista Estudiantil Latinoamericana de Ciencias Sociales, en marzo pasado), Carro Abdala revela testimonios de esposas de sargentos primero y segundo y capitanes de la 23 Zona Militar, ubicada en Tlaxcala.
Al preguntarles sobre su satisfacción con la vida, el trabajo y el matrimonio, así como experiencias de alegría, satisfacción y experiencias desagradables, Carro Abdala encontró similitudes: desagrado, crisis familiar, tristeza, incertidumbre, preocupación, miedo y angustia, sentimientos que –apunta– se agudizan en la soledad.
También descubrió que las esposas de militares no tienen un trabajo remunerado; por el contrario, sin importar el grado del militar, todas se encargan de los asuntos del hogar.
Asimismo, al ser cuestionadas sobre qué piensa del trabajo de su esposo, qué opinión tiene acerca de la vida de una esposa de militar, o si les gustaría que, en el futuro, alguno de sus hijos se casara con un militar, respondieron que las familias experimentan tensiones con el trabajo, la escuela y la sociedad, a los que se suman inconvenientes de vivir separados y que experimentan sentimientos como aislamiento, soledad, cansancio y pérdida de la comunicación con la pareja.
“No me gusta. Se sacrifican muchas cosas”, “estamos bien económicamente, pero nunca nos vemos”, “si me hubieran dicho que así era la vida de una esposa de militar… jamás me hubiera casado con él”, “nunca estuvo presente cuando nacieron mis cinco hijas: me las tuve que arreglar sola”, “cuando me vine para Tlaxcala no conocía a nadie; hubo días que no salía de casa porque no sabía a dónde ir… pues cuando nos venimos para acá al otro día le dieron la orden de un despliegue”, “no quisiera que mis hijas se casaran con un militar, es una situación muy difícil y jamás las vería”.
Contralínea aplicó un cuestionario similar al de la investigadora Carro Abdala a algunas mujeres en la base de Santa Lucía. Las mujeres entrevistadas indican que omiten referir que son esposas de militares por el peligro que significa frente a la delincuencia organizada.
Algunas incluso señalan que han recibido llamadas telefónicas de extorsión, en las que las amenazan con secuestrar a sus hijos. E incluso indican que, a pesar de ser una zona de acceso restringido, se han dado casos de robo a casa habitación, autos y autopartes.
Cristina también acude al Centro del Voluntariado de la base de Santa Lucía a distraerse, mientras su esposo está en alguna misión militar. Él es capitán segundo y está por retirare. A ella, las ausencias –por periodos de 3 o 4 meses– le generan sentimientos de soledad.
La pareja tiene tres hijos, de 18, 16 y 14 años de edad, quienes han vivido en la base militar entre la escuela y la convivencia con sus pares. Sin embargo, Cristina comenta que no ha sido fácil para ellos acostumbrarse a la ausencia de su progenitor. “A veces es como si no lo tuvieran”, dice con tristeza.
Para otras mujeres ya la situación ha cambiado, como el caso de Ana, quien también visita el centro comunitario. Ella describe que cuando vivía en la base aérea siempre estaba deprimida por las ausencias prolongadas de su esposo, de hasta 6 meses. Pero en 2017 se retiró, y la familia se trasladó a vivir al municipio de Actopan, Hidalgo.
Pero la mayoría vive en la angustia. Lizet y Margarita coinciden en que, cuando sus esposos acuden a operativos en el puerto de Acapulco o en la sierra guerrerense, o incluso a realizar trabajos comunitarios en Chiapas y otros estados, padecen de severas crisis pues piensan constantemente que los militares ya no regresarán a sus hogares.
Cuando regresan sus maridos, las mujeres entrevistadas “desaparecen” del Centro de Voluntariado para dedicarse enteramente a la familia. La rutina, sin embargo, se vuelve a romper sobre todo en los meses de junio y julio, cuando generalmente los militares son movilizados hacia otras plazas del país, provocándoles una constante inestabilidad familiar.

Las crisis y la fex

En su estudio, la investigadora Carro Abdala comprueba la situación compleja que viven las esposas de militares. A ellas les toca enfrentarse solas con sentimientos negativos, en los que la fe resulta ser un recurso que ayuda a paliarlos.
Ante la impotencia de no poder contar con una familia estable, la académica explica que las entrevistadas expresaron de manera recurrente frases que denotan la importancia de la fe: “primero Dios volverá y no le pasará nada”, “Dios cuida de nosotros” o “yo confío en Dios y sé que todo está bien”, lo cual les ayuda a reducir el malestar que les provoca la inestabilidad en el seno familiar.
Al describir las situaciones de movilidad y despliegue y retorno, así como  cambios ocasionados en este tipo de familias, Carro Abdalá señala que quienes presentan más movilidad son los oficiales, jefes y generales. “La familia no tiene elección ni opinión para poder decidir ante esas circunstancias, puesto que el ejército dispone en todo momento del personal activo e influye en la trayectoria vital de las familias de los militares”, apunta.
“El cambio de plaza involucra cambio de residencia, traslado y mudanza, así como la pérdida de redes de apoyo establecidas; los hijos cambian de escuela, dejan amistades o familiares e incluso relaciones sentimentales, por lo que se observa que los militares y sus familias viven con la incertidumbre de su futuro.”
Esta incertidumbre, subraya la catedrática, es consecuencia de la total disponibilidad que los militares hacia su trabajo y que se experimenta de la misma manera en el despliegue, el cual comprende la frecuente participación en maniobras, misiones y operativos militares en el combate al crimen organizado y la inseguridad pública en el país. A diferencia del cambio de plaza, aquí sólo implica el movimiento del militar ausentándose de su familia por tiempo indefinido. “Ante esta situación se genera una separación en la pareja, conflictos por el cuidado de los niños, dificultades en el mantenimiento de la relación y la negociación de límites”.
Añade que durante la separación los límites pueden resultar ambiguos; en otras palabras ocurre una situación en la que la familia no tiene claro qué papel desempeña cada miembro. Los hijos son los que se ven más afectados por el estrés, cuando el padre es desplazado con frecuencia, porque la ausencia implica un gran cambio en el entorno y su vida diaria.
Sostiene que los niños de padres desplegados han demostrado que cuando uno de los miembros de la familia está emocional o físicamente ausente, los niños y adolescentes llegan sufrir ansiedad y depresión o conductas desadaptativas.
Agrega que el despliegue acentúa las relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, debido a que los hombres suelen ausentarse del hogar de manera frecuente y, por lo tanto, las mujeres se encargan de labores domésticas y cuidado de los hijos, lo que provoca que a menudo ellas sacrifiquen sus carreras académicas o laborales.
Esta situación genera separación de la pareja, conflictos por el cuidado de los niños, dificultades en el mantenimiento de la relación. Por ejemplo, dice la investigadora, si la madre presenta depresión, los niños pueden reflejar los síntomas depresivos de ella, especialmente si hay inatención e insensibilidad de los padres.
“Los niños y adolescentes de padres desplegados han demostrado que cuando uno de los miembros de la familia está emocional o físicamente ausente,  sufren ansiedad, depresión o conductas desadaptativas. Sin embargo, no son los únicos afectados: la esposa y madre experimentan sentimientos de soledad, tristeza, miedo e incertidumbre, al pasar mucho tiempo con sus hijos y lejos de su esposo.”
El despliegue convierte a las parejas de militares en matrimonios a distancia, es decir, como parejas casadas que alternan la vida en común con la vida separada durante determinados días a la semana o largas temporadas, debido a empleos en lugares distintos o trabajos móviles.
En consecuencia, los matrimonios militares establecen relaciones familiares mediadas, diferenciándolas de las relaciones cara a cara, al ser interacciones que utilizan la tecnología para comunicarse, haciendo uso del teléfono celular, a través de video llamadas o mensajes de texto.
Sin embargo, Carro Abdala precisa que no siempre esta comunicación resulta efectiva, pues muchas veces los soldados son desplazados a zonas geográficas en las que el acceso a la red móvil es limitado o inexistente, situación que incrementa en el núcleo familiar la incertidumbre o angustia de saber qué pasará con el militar cuyo retorno resulta ambiguo porque la duración de la ausencia puede variar desde una semana, un mes e incluso seis meses.
“Se puede afirmar entonces que se habla de una reintegración familiar como etapa final del despliegue, que se caracterizaría por la reentrada del miembro del servicio en su vida diaria en los diferentes ámbitos, incluyendo a la familia.”
Tal situación puede ser turbulenta, teniendo en cuenta que una vez que el padre ha partido, la esposa y los hijos se ajustan a una diferente dinámica para seguir realizando actividades correspondientes a la familia, por lo que al regresar a casa el padre y la familia deben nuevamente reajustar la dinámica familiar.
Según la National Council on Family Relations (NCFR, en inglés), en el estudio Al regresar a casa: ¿qué sabemos acerca de la reintegración de los militares apostados en sus familias y comunidades?, en el transcurso del despliegue de militares los niños asumen nuevas responsabilidades, pero con el retorno, las esposas vuelven a ceder la autoridad a su marido, y es ahí donde la confusión de roles genera conflictos de adaptación en los hijos.
La investigadora observó que todas las mujeres se dedican a las labores domésticas y el cuidado de los hijos, sin importar el grado de estudios que tengan. “En el caso particular de Sandra (una de las entrevistadas) quien es la única que tiene licenciatura, conoció a su marido tiempo después de terminar su carrera profesional e incluso estuvo trabajando por algún tiempo”.
“Sandra comenta que por las características del trabajo de su marido y sus largas jornadas de trabajo, decidieron que ella se iba a encargar de las labores del hogar así como lo concerniente al cuidado de sus dos hijos, motivo por el cual renunció a su trabajo.”
Carro Abdala indica que la escolaridad de las mujeres es baja, tal vez una limitante a la hora de buscar un trabajo formal. Aunque durante las entrevistas varias de ellas dijeron que si cambian de plaza a sus esposos, tendrían que abandonar sus actividades.
La académica concluye que en México las familias de militares han sido poco investigadas y la información existente no es de dominio público, lo cual ha ocasiona dificultad para aplicar conceptos y definiciones en la investigación en temas de familia y ejército. Sin embargo, considera que su investigación permite visibilizar las condiciones de las familias de quienes se encargan de la seguridad nacional del país.
“Evidentemente ser militar en estos tiempos de tanta violencia, inseguridad y corrupción resulta muy complejo, y la familia no se encuentra ajena a esta situación. Se han mencionado aspectos perjudiciales para el bienestar de los integrantes de las familias de los militares, pero también se encontró que hay indicadores positivos.
“Por ejemplo, contar con un ingreso económico seguro, prestaciones, servicios de salud, etc. Se llega entonces a la paradójica conclusión que pertenecer al ejército brinda seguridad y certeza económica, pero las familias no reciben orientación y acompañamiento ante los problemas familiares que se desencadenan por pertenecer al Ejército”.
José Réyez

Demandan profesores de bachillerato mejores condiciones laborales en la UNAM


José Antonio Román
 
Periódico La Jornada
Martes 15 de mayo de 2018, p. 17
Profesores de bachillerato de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se manifestaron ayer frente a la Torre de Rectoría, para exigir aumento salarial y mejor atención a sus condiciones laborales.
Agrupados en la Asamblea de Profesores de Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) y de la Escuela Nacional Preparatoria, los docentes, apoyados por maestros de varias facultades en Ciudad Universitaria, denunciaron las condiciones en las que realizan sus labor frente a grupo, las cargas de trabajo que implican atender hasta 70, 80 o 90 alumnos por grupo, las deficientes condiciones de los talleres y laboratorios, y el salario raquítico que perciben, así como el insultante aumento de 3.4 por ciento otorgado hace un par de meses.
El contingente de profesores, tras su manifestación en la explanada de Rectoría, se trasladó a la sede de la Asociación Autónoma del Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (Apaunam), pero se quejaron de que en ninguno de los dos sitios fueron recibidos, pese a que desde hace meses entregaron varios escritos y a que autoridades de la UNAM habían expresado su disposición a atenderlos.
En el mitin, Héctor Mora, profesor de Química en el CCH Vallejo, señaló que el aumento salarial que exigen es de 50 por ciento. Explicó que si un profesor logra tener 30 horas de clases, que es el máximo que se puede tener en bachillerato, apenas gana 10 mil pesos al mes, cuando los grupos son de 45, 50, 60, 70, 80 y hasta 90 alumnos. Estamos convertidos en trabajadores a destajo. Sólo 5 o máximo 7 por ciento de los profesores de planta logra trabajar 30 horas. Otra de las demandas de los profesores de bachillerato es que se reduzca a 24 el número de alumnos por grupo.

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