martes, 26 de septiembre de 2017

"Ver a sus hijos aparecer vivos", sueño recurrente de los padres de los 43

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Al cumplirse tres años de la desaparición de 43 normalistas y el asesinato de seis personas en la llamada noche de Iguala, hoy se realizará una caminata en silencio que partirá a las 16 horas del Ángel de la Independencia hacia el antimonumento a los 43. En la imagen, protesta ante la PGR el mes pasadoFoto Guillermo Sologuren
Emir Olivares y Sergio Ocampo
Reportero y corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 26 de septiembre de 2017, p. 27
Los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos tienen un sueño recurrente: que sus hijos aparecen, que están vivos. Que aquella larga noche que inició el 26 de septiembre de 2014 por fin termina. Así lo aseguran a tres años de los hechos, tiempo en que las autoridades no les han dado certeza de lo que ocurrió con los jóvenes, quienes, insisten, están vivos.
¿Eres tú Miguel? ¿Por fin llegaste?, dice don Estanislao a su hijo. Sí, soy yo, responde una voz inconfundible. El gozo se apodera del hombre, pero no logra identificar a quien le habla, su rostro es difuso. El padre llora de felicidad. Tiene años buscándolo y parece que la pesadilla puede quedar atrás. Un sobresalto lo regresa a la realidad y enmudece. La imagen es sólo producto de un sueño, cuenta don Estanislao, padre de Miguel Ángel Mendoza Zacarías, uno de los 43 normalistas.
En dos días Israel Caballero Sánchez, otro de los jóvenes desaparecidos, cumple 23 años. La última vez que vio a su madre, doña Genoveva, le pidió que para su cumpleaños 20 le preparara unos tamales. Pero ya no regresó. Los sollozos la obligan a hacer una larga pausa y cuando logra recuperarse, contundente reclama: ¿Dónde están? ¿Dónde los tienen?
Miguel quería apoyar a sus padres, hermanos y sobrinos. No se conformó con la peluquería que puso años atrás en su pueblo. Decidió ser maestro porque adora a los niños. Incluso en su negocio siempre había un detalle para los pequeños en los días del Niño, Reyes y en Navidad.
Su padre trabajó por años en Estados Unidos, a donde Miguel lo alcanzó. Regresaron a Guerrero y años después decidió entrar a la normal. Hazlo, nunca es tarde, le dijo don Estanislao, pues su hijo tenía 33 años cuando comenzó los estudios normalistas.
Israel deseaba darle una mejor vida a su pequeña recién nacida. El trabajo en el campo era insuficiente y lo resolvió: sería maestro. “Hoy la niña, de tres años, pregunta constantemente por él. ‘Ya va venir, le digo’. No sabe nada y lo sigue esperando”, dice doña Genoveva.
Jhosivani Guerrero de la Cruz, uno más de los 43, siempre le decía a su madre, Martina: La voy a sacar de trabajar porque está mala de las rodillas. El 20 de septiembre fue el último día que lo vio. Lo fueron a despedir al autobús, pues regresaba a la escuela. La mujer, sin poder avanzar, se quedó con ganas de abrazarlo y a la distancia le mandó la bendición.
Jhosivani tiene hoy 22 años, es el menor de seis hijos (tres mujeres y otros dos hombres). Cada que doña Martina regresa a casa tras reuniones con autoridades federales la pregunta es invariable: ¿Qué novedades hay, mamá?. La respuesta ha sido la misma durante tres años: Nada, pura mentira.
Don Bernabé es un rudo hombre de campo. No oculta el llanto cuando recuerda a su hijo Adán Abraján de la Cruz. Tiene esposa y dos hijos, uno que ya tiene 10 y otro de cinco. Cuando entró a la normal tenía 24 años y seguimos esperando que vuelva.
Llevó a su hijo a la normal la mañana del 26 de septiembre. Le dijo que se cuidara, pero no hubo abrazos. Hoy desearía regresar el tiempo para abrazarlo. No me hallo en la casa, porque no está mi hijo. El día que lleguen quizás podamos ser los mismos, pero la herida que nos ha dejado este gobierno no va a sanar. Siempre recordaremos todo lo que hemos pasado. Han sido tres largos años.
Don Ezequiel Mora, se limpia con su mano derecha las lágrimas al recordar a su hijo Alexander Mora Venancio. Presiento que está vivo. Este martes no podrá acudir a la marcha por el tercer aniversario de los hechos. No tengo dinero y mi mamá, Brígida Chora, de 85 años, está muy enferma, desde que desapareció mi hijo.
Alexander quería beneficiar a su pueblo, por eso deseaba ser docente. Es el único de los jóvenes desaparecidos cuyo ADN pudo ser identificado en un fragmento de restos hallados en el basurero de Cocula. No me entregaron nada (de restos), como se dijo. Pinche gobierno mintió, si me los hubieran entregado estaría bien, pero no lo hicieron. Por eso mantiene la esperanza de que su hijo sigue con vida.
En un comunicado conjunto, las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores, así como la Procuraduría General de la República reafirmaron el compromiso del gobierno federal con la investigación y búsqueda por todos los medios posibles de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Informaron que los avances y resultados de las indagatorias se han reportado a los familiares y a las comisiones nacional e interamericana de derechos humanos en seguimiento a sus medidas cautelares.

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