lunes, 10 de julio de 2017

Los sindicatos, bestias negras del neoliberalismo

Los sindicatos, bestias negras del neoliberalismo
Un rasgo del neoliberalismo que se denuncia poco en estos tiempos es su agresividad contra los sindicatos, a los cuales considera como el mayor obstáculo para la obtención de sus fines, por lo que sus relaciones con ellos adoptan cualquiera de dos mecanismos fácilmente identificables: la cooptación o la eliminación. Las fuerzas sindicales poco coherentes con sus postulados de defensa de los intereses de los trabajadores han sido mayoritariamente cooptadas por el sistema para pasar a ser meras correas de transmisión del mismo. En México es el caso de la inmensa mayoría de los sindicatos encuadrados en organizaciones oficialistas (CTM y similares) y todos los sindicatos blancos. Por el contrario, la estigmatización y la eliminación es el destino de aquellas fuerzas sindicales que no asumen con resignación y disciplina la pérdida de los derechos laborales, tal y como nos demuestra cualquier repaso de hechos y acciones acontecidas en este campo durante el proceso de implantación del neoliberalismo.
Así ocurrió en el Chile de 1973, tras el golpe de Estado de Pinochet, donde una vez eliminada, o exilada, la oposición política, social y sindical al golpe, este país se convirtió en el primer laboratorio para introducir las medidas de ajuste estructural y, evidentemente, de privatizaciones de sectores estratégicos, así como eliminación generalizada de derechos. El siguiente paso se producirá en paralelo en Bolivia y Gran Bretaña, donde el objetivo fue destruir el sindicalismo minero (del estaño en Bolivia y del carbón en Gales) como fuerzas motrices de las luchas de los trabajadores en todos los demás sectores productivos. En nuestro país fue el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas, de la CNTE y del Sindicato Minero que dirige Napoleón Gómez Urrutia, al cual pertenecen los mineros de San Martín en Sombrerete que están por cumplir 10 años en huelga estallada para exigir la seguridad en las minas, el reconocimiento de la representación sindical y cumplir violaciones cometidas por la empresa, y que han superado, uno tras otro, los embates patronales y de la autoridad.
Para entender la situación del mundo sindical hay que tomar en cuenta que uno de los efectos de las crisis que vivimos, entre otros muchos, es el miedo individual y colectivo ante las incertidumbres, ante el desempleo, ante las hipotecas, ante la represión, que en el campo laboral conduce a frenar radicalmente la sindicalización, a callar y a obedecer. La precarización brutal con la inseguridad laboral como elemento distintivo es algo también planificado por el neoliberalismo. Estas nuevas formas de trabajo garantizan la no sindicación ante el miedo a que la simple demanda colectiva de derechos traiga consigo la pérdida del puesto de trabajo. Se resta sindicación, se resta fuerza a las demandas colectivas y se pretende, una vez más, como en los años dorados de los inicios de la era industrial, la total sumisión del mundo del trabajo a lo que dicten las élites económicas. Se cierra el círculo de dominio. Hasta que los trabajadores regresen a las calles y se expresen en las urnas.

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