martes, 25 de julio de 2017

Benito Juárez a 150 años de la Restauración de la República


 
PROCESO 
 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hace 150 años el presidente Benito Juárez hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México, luego de la caída del emperador invasor Maximiliano de Habsburgo y del triunfo en la Guerra de Reforma, que derivó en la separación Iglesia-Estado y en la construcción de una nación republicana, soberana y laica.
El hecho ocurrido el lunes 15 de julio de 1867 fue “el corolario de un periodo intenso de guerras, rebeliones, golpes de Estado y esfuerzos por establecer la República”, dijo el historiador Alejandro Rosas, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, durante un acto conmemorativo, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el Alcázar del Castillo de Chapultepec.

El Benemérito de las Américas venía del norte. Cuenta la historia que pasó algunos días y la noche del 14 en Chapultepec en tanto se preparaba en el Ayuntamiento su entrada. El día de su llegada transitó por la Garita de Belén y Bucareli. Paseo de la Reforma no existía como tal. Fue él quien le dio parte de su actual imagen y decidió rendirle tributo a los héroes de la Reforma, aunque la ruta inicial había sido trazada por Maximiliano.
Rosas narró, a través de un comunicado del INAH, que antes de entrar a lo que es hoy el Centro Histórico de la ciudad, “detuvo la caravana encabezada por su carruaje (que se exhibe en el Museo Nacional de Historia) a la altura de la Alameda Central, donde esperó el momento propicio para ingresar a la Plaza Mayor”.
Agregó el historiador que desde ese momento, la Avenida Juárez lleva su nombre y añadió como “un detalle interesante” que el general Porfirio Díaz (que a la postre se levantaría contra él con el Plan de la Noria y finalmente se quedaría en el poder por tres décadas), quien era parte de su ejército y había tomado la ciudad desde junio, no izó la bandera en Palacio Nacional, “esperó que fuera el presidente Juárez quien lo hiciera”.
La entrada fue de júbilo, describió, “apoteósica”, no se esperaba la victoria pero con el fusilamiento de Maximiliano, “México demostró que no era terreno fértil para ambiciones de nadie”. Y fue en su discurso cuando pronunció su famoso postulado: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, que constituye parte de la esencia de la política exterior mexicana.
Su legado
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) también recordó la efeméride, con la conferencia magistral “El Legado del presidente Juárez”, impartida por su directora general, la historiadora Patricia Galeana, en el marco del Coloquio Sesquicentenario El Triunfo de la República en 1867.
Para la especialista en el siglo XIX de la historia de México, el triunfo de la Reforma es como una segunda Independencia de México, pues deja en claro que la opción monárquica, que contaba con abundantes partidarios, queda cancelada frente al sistema político republicano y laico.
Destacó que Juárez encabezó el gobierno de la República en el momento más difícil de su historia:
“Imagínense ustedes un país que estuvo primero en guerra civil y que se continuó con una ocupación extranjera. Esto ha sido único en la historia de México, en la etapa independiente es la ocupación más larga que ha sufrido nuestro país. Juárez logró llegar a buen puerto y México no se convirtió, ni en un protectorado francés ni en uno estadounidense.”
Doctora en Estudios Latinoamericanos y catedrática en la Facultad de Filosofía y Letras habló de la vida de Juárez en su pueblo natal San Pablo Guelatao, Oaxaca, su juventud en la ciudad de Oaxaca, donde tuvo que ser sirviente y su vida académica en el Instituto de Ciencias y Artes, donde se formó como abogado, y llegó a ser maestro de derecho romano, canónico y civil, hasta lograr dirigir al instituto.
Y se refirió desde luego a las Leyes de Reforma, promulgadas en 1959, en Veracruz, la primera de ellas referida a la administración de la justicia, que “fue la chispa que desató la rebelión”.
Se refirió también a su precepto que integra el espíritu de la política exterior de México:
“La Doctrina Juárez es uno de sus grandes legados. Es un hombre que se convierte en símbolo de la defensa de la soberanía nacional, por esa razón el congreso de Colombia declara que merece el Bien de América y el de República Dominicana lo declara Benemérito. Además, en Argentina hay una población que lleva su nombre.”
Gracias a él se estableció el principio de igualdad de los estados, de no intervención, de autodeterminación y de solución pacífica de los conflictos, retomados por Venustiano Carranza en su política exterior (y años más tarde en la Doctrina Estrada).
Concluyó:
“Juárez también se convierte en el defensor del Estado laico sin el cual no puede haber democracia posible. Por eso a 150 años del triunfo de la República estamos hablando de Juárez el gran estadista de México que logró la consolidación del Estado nacional mexicano.”

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